España en riesgo de desertificación

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En los últimos tiempos, el desarrollo industrial del mundo ha traído consigo bienestar y mejoras en la calidad de vida, pero toda moneda tiene dos caras: el cambio climático es una de las consecuencias negativas, por ejemplo. Países que antes tenían buenas reservas de agua las han ido perdiendo con el pasar de los años, otros países con glaciares también han vivido el cambio de primera mano, y luego están todas las tormentas tropicales y otros fenómenos que dejan claro que algo no anda bien. En España, por ejemplo, el riesgo de desertificación es una realidad preocupante.

Es por eso que en esta época es cada vez más común escuchar hablar de desarrollo sostenible, que es la proyección y puesta en marcha de actividades en consonancia con los principios de la ecología y que no impliquen un peligro para la biodiversidad y el medio ambiente de una región determinada.

Una realidad más que conocida

La desertificación se define como la degradación de los suelos en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas debida al cambio climático y/o las actividades humanas. Otros fenómenos relacionados, como la erosión del suelo y las temperaturas elevadas, aumentan el riesgo de desertificación de un territorio que trae como consecuencia que la tierra pierda su capacidad de almacenar carbono, lo que quiere decir que no es capaz de absorber los gases provenientes del efecto invernadero.

Los números varían dependiendo de la fuente: según la información de organismos europeos oficiales, el 44% del territorio español está en riesgo de desertificación, mientras que organizaciones ecologistas no gubernamentales sostienen que la cifra se eleva hasta un alarmante 75%, del que al menos un 6% ya se ha degradado de forma irreversible.

¿Qué se puede esperar para el futuro?

Las instituciones europeas y españolas han estado trabajando. Alrededor de 10,5 millones de euros han sido invertidos en trabajos de restauración de daños causados por grandes incendios forestales en los últimos años, pero hay que seguir avanzando en la línea de la prevención.

Hace falta elaborar una estrategia que permita vincular los recursos naturales con el sistema socioeconómico a través de políticas de gestión hidráulica de carácter ambientalista, de modificaciones al sistema de explotación agrícola para aumentar su sostenibilidad, de ajustes en las políticas forestales y de la sustitución de energías no renovables que dependen de un gran consumo de agua.

Todo esto antes de que sea demasiado tarde.